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El reportaje

Es difícil que la asociación vaya a escribir una crónica o un artículo costumbrista, pero quizás no sea tan raro que en alguna ocasión use el reportaje Es adecuado cuando, por ejemplo, un miembro de una asociación de cooperación al desarrollo regresa de Centroamérica y quiere relatar la situación en que viven las comunidades indígenas guatemaltecas, o cuando una asociación de defensa de los derechos de las personas encarceladas decide contar las dificultades de éstos para estudiar en la cárcel.

El reportaje trata de explicar o de mostrar en profundidad hechos actuales que no son estrictamente noticia. Es información y puede recoger casi de todo: declaraciones, notas ambientales y de color, pequeñas licencias literarias... lo único vedado es la opinión de quien escribe. Rigen los principios del estilo periodístico pero hay una mayor libertad narrativa que en la noticia para la construcción del relato.

En un reportaje primero se elige el enfoque. Puede ser: de interés humano o de perfil, centrado en las vicisitudes o las características de un colectivo o una persona; histórico o descriptivo, relatando antecedentes y enganchando con el pasado o recreándose en ambientes y detalles; social o didáctico, abordando cuestiones de interés general o explicando comos y porqués; noticioso u opinativo, con referencia a acontecimientos muy actuales o a opiniones de los personajes. La lista podría continuar y lo normal es que se usen varios de ellos.

Después hay que encontrar el hilo argumental, la intención que va a guiar al receptor en el relato, y que va a servir de unión entre cada uno de sus párrafos.

El reportaje es, como hemos dicho, más libre en su estilo y en su estructura. Su estilo es más creativo y no ha de sujetarse al rigor de la pirámide invertida ni a la técnica de las 5W. Esto obliga a avivar el ingenio en la elaboración de títulos y entradas, ya que al no tener una noticia concreta sobre la que informar, se transforman en instrumentos netos de captación de la atención del público. En una información, el mero relato de lo más importante de la noticia en el título y en el lead es punto de enganche con la o el lector; en el reportaje no hay tal noticia, así que habrá que poner en marcha la imaginación para buscar un título con garra (no más de seis o siete palabras) que destaque algún aspecto significativo del contenido. A la entrada le ocurre lo mismo ya que ha de convencer al público de que continúe prestando atención. Algunos “trucos” para arrancar las entradas son el suspense, la paradoja, la descripción, el contraste, la cita textual, lo sorprendente y más que se nos pueden ocurrir.

Pero la libertad no es absoluta. Se trata de una libertad vigilada, o en palabras de Martín Vivaldi, es una “libertad condicionada por la necesidad y obligación de informar”. No se puede contar como queramos sin más; el estilo ha de justificarse como instrumento de información.

Y tan importante como el comienzo es el final. El último párrafo debe ser cuidadosamente elaborado, ya que es el sabor de boca que quedará en quien haya leído o escuchado o visto el reportaje. Ha de cerrarlo completando un recorrido que nos remita al hilo argumental, a la intención de quien redacta.

 

 

 

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