La televisión

Es el medio menos accesible para las asociaciones. Y no sólo por la dificultad de que atienda sus demandas, también por la complejidad de elaborar material destinado a la televisión. A la asociación le cabe actuar como en el caso de la radio: invitarla en sus convocatorias a los medios; si envía información, mandársela elaborada tal y como ya se ha indicado; y si existe la oportunidad de una entrevista o de participar en un programa, aprovecharla.

1.- Características del medio

  1. La imagen. La característica fundamental de la televisión es la presencia de la imagen en toda su extensión como instrumento de comunicación.
  2. La complejidad técnica. La producción televisiva está sujeta a una tecnología sofisticada y de alto coste. Esto hace de la televisión un medio caro y con mayores necesidades logísticas, por lo que resulta menos ágil, con menos capacidad de maniobra y con menor rapidez que la radio.
  3. Es un medio frío y planificado. Poco se hace en televisión que no esté pautado con antelación. Nada se deja al azar, todo se construye, incluso los acontecimientos en directo responden a criterios de planificación: si es un programa o la retransmisión de un suceso previsto, la labor del realizador en el primer caso y del editor en el segundo, será elegir las imágenes que irán ofreciendo sucesivamente creando un discurso subjetivo en imágenes; si se trata de un directo puro, no previsto, también se construye este discurso buscando lo más significativo a través de las posiciones de cámara, del encuadre o de la aparición en pantalla de un presentador o presentadora.
  4. Testigos. La imagen pretende hacer participar a la audiencia como testigo del acontecimiento, lo que le otorga credibilidad. Sin embargo, por lo dicho en el punto anterior esa imagen “que vale más que mil palabras” se convierte en una apariencia de realidad que, en muchas ocasiones, no tiene más valor informativo que un relato escrito de los hechos. Incluso puede ocultarnos la verdad, y, si no, hagámonos alguna vez esta pregunta: ¿qué ocurre detrás de la cámara o fuera de encuadre?
  5. Fugacidad compensada. El mensaje en televisión es perecedero pero juega con el poder de la imagen; puede que el espectador no retenga un comentario o el texto de una información, pero recordará durante un tiempo la imagen que lo acompañó si es lo suficientemente significativa. Esto puede tener efectos positivos cuando el contenido del mensaje pervive en la imagen recordada, pero puede ser negativo si la imagen se recuerda fuera de contexto.
  6. La palabra. La imagen y los elementos sonoros provocan que el peso de la palabra sea menor; pero no su importancia, pues la imagen y el sonido, por sí mismos, pocas veces dicen lo suficiente y han de ser completadas con el verbo.
  7. Reacia al cambio. La televisión es el medio más conservador, el menos trasgresor. Es el que con mayor fidelidad transmite los valores socialmente establecidos. Funciona con estereotipos que reproducen y consolidan la ideología dominante. Es el de mayor influencia en la población y el más controlado por los poderes.

La estructura de una televisión

2.- Lenguaje y estilo

Lo que dijimos para la radio es aplicable en televisión. Pero vamos a añadir algo más. Según A. Merhabian “en televisión lo que una persona dice no representa más que el 7% de lo que realmente comunica; el 38% del mensaje se transmite por la manera de expresarse (voz, vocabulario, ritmo de las palabras) y el 55%, por la expresión de la mirada y los movimientos del cuerpo”. Aparecer en televisión supone más aspectos a cuidar. Comunicamos con todo el cuerpo, como en una conversación presencial normal, con la diferencia de que la cámara puede acercar o alejar la imagen y pasar de una panorámica a un primerísimo plano de los labios o tomar desde un ángulo u otro. En televisión no basta con controlar el lenguaje verbal, también hay que estar pendientes del lenguaje no verbal si no queremos que un gesto nos traicione. La pose, la actitud y los ademanes son parte del discurso y de ellos depende en gran medida la atención del espectador y la credibilidad y la eficacia del mensaje.

3.- Aspectos a tener en cuenta

  1. La cámara. Si un micrófono produce miedo, cuando viene acompañado de una cámara puede provocar la desbandada. Suele ser complicado encontrar a alguien dispuesto a aparecer en televisión. Pero no es tan terrible. Rara vez las entrevistas son en directo, lo cual da la tranquilidad de poder repetir si algo ha salido mal. Y si es en directo, calma, veamos con el periodista los temas que interesan a ambas partes y dejémonos guiar por él que, aunque ande colgado del reloj no suele tener intención de hacer faenas a nadie.
  2. Tiempo. Si los tiempos en radio son cortos, en televisión lo son más; mejor ensayar un discurso claro y conciso, que diga lo importante cuanto antes y lo repita al menos una vez, pero nunca fuera de contexto.
  3. ¿Acudir? Si invitan a la asociación a participar en un programa, la recomendación general es acudir, ya que es una buena oportunidad para lanzar su mensaje. Ahora bien, cuidado con qué programas. Un informativo, un debate conducido con seriedad y rigor, un reportaje sobre la problemática o los asuntos en los que trabaja la asociación, nunca han de ser desaprovechados. Es más, la intervención se preparará con mimo. Ahora bien, la imagen es muy dada al espectáculo y, por ello, pululan por los canales programas que con la excusa de la información, el interés humano y el debate buscan en realidad la frivolidad, el morbo, el conflicto, la agresividad y la violencia verbal e incluso física; estamos hablando de engendros televisivos como los reality show, los talk show y cosas por el estilo que, como su apellido en inglés indica, show, son mero espectáculo dirigido a las vísceras de los espectadores. Participar en este tipo de programas tiene, a nuestro entender, un doble efecto negativo: en primer lugar, es difícil, por no decir imposible, zafarse de la manipulación que ejerce el conductor en su afán por exacerbar los ánimos, por lo que la asociación estará sirviendo a unos intereses espurios que concluyen en una confusión generalizada y hacen un flaco favor a la sociedad; y en segundo lugar, todas las condiciones están dadas para el ridículo propio y ajeno, lo cual puede poner en riesgo su seriedad, su prestigio, su autoridad. Y si nada de esto ocurre, simplemente se habrá perdido el tiempo, que tampoco es ninguna tontería.